Vaticano, Asociaciones Médicas Buscan Formas de Promover la Vacunación

Por Cindy Wooden, Catholic News Service CIUDAD DEL VATICANO (CNS)—El descubrimiento de las vacunas es “uno de los mayores logros de la medicina moderna”, pero la comunidad mundial enfrenta al doble desafío de darles a todos acceso y superar la indecisión de personas de vacunarse, especialmente cuando escuchan información falsa, dijeron la Pontificia Academia para la Vida y la Asociación Médica Mundial. La academia y la asociación de grupos médicos habían estado planeando una importante conferencia sobre vacunación en general cuando llegó la pandemia de COVID-19. Si bien la conferencia puede tener lugar en el futuro, la Academia Pontificia para la Vida, la Asociación Médica Mundial y la Asociación Médica Alemana realizaron un seminario web en línea el 1 de julio para analizar específicamente las vacunas contra el COVID-19. Al final de la reunión, los grupos pidieron a los gobiernos, las empresas farmacéuticas, los grupos religiosos y otros, que trabajen juntos para “garantizar un acceso mundial equitativo a las vacunas, que es un requisito previo clave para una campaña mundial de vacunación exitosa, y para hacer frente a las dudas sobre las vacunas mediante enviar un mensaje claro sobre la seguridad y la necesidad de las vacunas y contrarrestar los mitos y la desinformación sobre las vacunas”. El doctor Frank Ulrich Montgomery, presidente del consejo de la Asociación Médica Mundial, dijo a los periodistas el 2 de julio: “Probablemente no haya otro invento en la medicina que haya salvado más vidas y prevenido más sufrimiento que la vacunación. Hemos erradicado la viruela, estamos cerca a eliminar la poliomielitis de la superficie de la tierra, y enfermedades mortales como el sarampión han perdido su apariencia aterradora”. Sin embargo, dijo, con la vacuna COVID-19 “10 países en el mundo han recibido el 80% de los 3 mil millones de dosis administradas hasta ahora”. Mientras que las personas en las naciones más pobres, especialmente pidiendo por sus miembros ancianos y con problemas inmunológicos, “claman por ayuda y piden vacunas”, dijo Montgomery, en otras partes del mundo “vemos renuencia a vacunarse y oposición a la vacunación en general, sin ninguna evidencia científica”. “Debido a que tenemos tanto éxito en la prevención de enfermedades, la gente se olvida de la aterradora visión de un gran número de personas que mueren en situaciones endémicas o pandémicas”, dijo. “Esto nos coloca en una posición muy cínica: mientras que a un niño en un país en desarrollo se le niega una vida más segura o incluso la supervivencia porque su nación o su familia no pueden pagar las vacunas, también hay un niño en un país próspero al que se le niega la vida por la ignorancia o desconocimiento por parte de sus padres”. El arzobispo Vincenzo Paglia, presidente de la academia, dijo a los reporteros en una conferencia de prensa en el Vaticano que incluso con el enfoque en poner fin a la pandemia de coronavirus, “debemos evitar que la pandemia de COVID-19 atraiga toda la atención hasta un punto en el que parece, aunque con razones válidas, como la más urgente”. “No debemos olvidar, por ejemplo, que la malaria y la tuberculosis cobran muchas más víctimas en África que el COVID-19”, dijo, ni que la falta de necesidades básicas como el saneamiento y el agua potable amenazan la salud de millones de personas en todo el mundo. También dijo que el webinar destacó cómo la resistencia a las vacunas tiene una variedad de motivaciones y que muchas de esas razones entre las comunidades históricamente desfavorecidas son válidas. “De hecho”, dijo el arzobispo, “las vacunas tienen una historia que está marcada por la injusticia y la opresión. Es difícil pedir la confianza a personas que han tenido que lidiar con la victimización sistémica por parte de los países que generalmente son los productores de vacunas”. Muchas acciones del pasado ahora están teniendo consecuencias en estos países, dijo. En respuesta, “un esfuerzo único no es suficiente. Para generar una confianza real, necesitamos políticas que incluyan una visión integral del desarrollo y relaciones internacionales más justas”. Cuando se le preguntó sobre el uso del término peyorativo “anti-vacuna”, Montgomery dijo que al promover las vacunas, existe una diferencia obvia entre una persona que tiene una posición “ideológica” firme contra la vacunación y una persona que es “renuente a las vacunas” y se podría mostrar más información y estímulo. En respuesta a preguntas sobre las conexiones de la vacuna COVID-19 con el aborto, el arzobispo Paglia repitió la respuesta de la Congregación para la Doctrina de la Fe, que instó a los católicos a presionar a las compañías farmacéuticas para que dejen de usar células derivadas de fetos abortados hace décadas para fabricar o probar vacunas, pero también dijo que cuando no se dispone de otras vacunas eficaces, “el uso de tales vacunas no constituye una cooperación formal con el aborto del que derivan las células utilizadas en la producción de las vacunas”. Presionado por un periodista sobre la obligación de vacunarse, el arzobispo Paglia dijo que nunca planteó la cuestión en términos de obligación, sino de “responsabilidad”, porque la gente debe darse cuenta de que rechazar una vacuna no solo pone en riesgo su salud, sino también la salud de personas en su alrededor que, por razones médicas, no pueden ser vacunados. El arzobispo calificó de “individualismo exagerado” una actitud que insiste en los derechos personales de una persona sin tomar en cuenta el impacto de ese comportamiento en los demás.

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