Obispo Mark E. Brennan instaló el noveno obispo de Wheeling-Charleston

Por Christopher Gunty
El obispo Mark E. Brennan fue recibido en la Catedral St. Joseph en Wheeling como el noveno obispo de la Diócesis de Wheeling-Charleston, que abarca el estado de West Virginia, en una ceremonia llena de canciones y aplausos.
Después de entrar en procesión a la catedral e

El obispo Mark E. Brennan ofrece su homilía durante su Misa de Instalación como el noveno obispo de Wheeling-Charleston el 22 de agosto en la Catedral St. Joseph en Wheeling.

l obispo, quien hasta ahora era obispo auxiliar de Baltimore, escuchó mientras monseñor Walter Erbi, encargado de asuntos en la nunciatura apostólica en Washington, leía la bula papal de su nombramiento. El obispo Brennan sostuvo en alto el documento oficial ante la congregación “para los que tengan visión de largo alcance”, él dijo causando risa y un extenso aplauso.
Cuando monseñor Erbi le preguntó si aceptaba la responsabilidad para la cual el papa Francisco lo escogió el obispo dijo: “Con fe en Jesucristo y con la ayuda de Dios sí acepto el cuidado pastoral del pueblo de Dios de la Diócesis de Wheeling-Charleston. Me propongo servir fielmente a las necesidades espirituales de la iglesia local”.
Monseñor Erbi representó al arzobispo Christophe Pierre, nuncio apostólico ante Estados Unidos, quien no pudo asistir debido a una reunión en Roma.
Entonces el arzobispo William E. Lori de Baltimore, quien ha sido administrador apostólico de Wheeling-Charleston desde el pasado septiembre, llevó al obispo Brennan hasta la cátedra, la silla del obispo, y le entregó su nuevo báculo, un cayado pastoral de madera – más alto que el propio obispo – que tiene una curvatura grande en el tope.
El arzobispo Lori señaló que ha conocido al obispo Brennan desde sus años en el seminario. “Él es el pastor fuerte, amoroso y sabio por el cual hemos estado orando”.
Traer luz a la oscuridad y servicio a la gente fueron temas claves de la liturgia, incluyendo selecciones musicales como “Christ Be Our Light” y “The Hand of the Lord”, así como la homilía del obispo.
Citando la primera lectura del profeta Isaías, el obispo Brennan comenzó su homilía diciendo: “El pueblo que caminaba en las tinieblas ha visto una gran luz: sobre los que habitaban en el país de la oscuridad ha brillado una luz”.
Esa es una apta descripción de cómo los católicos de Estados Unidos y especialmente de West Virginia han estado lidiando con rabia, frustración y desconfianza hacia los líderes eclesiásticos, el dijo, aludiendo al obispo Michael J. Bransfield, exdirector de la diócesis, sin mencionarlo por su nombre.
El obispo Bransfield renunció en septiembre de 2018 en medio de alegaciones de acoso sexual y mal manejo financiero. Cuatro días antes de que el obispo Brennan fuera nombrado como el nuevo obispo el papa Francisco anunció acciones disciplinarias para el obispo Bransfield, prohibiéndole vivir en la Diócesis de Wheeling-Charleston y presidir o participar en ninguna celebración pública de la liturgia en ningún lugar.
Como parte de esas acciones disciplinarias también un comunicado de la nunciatura apostólica publicado en la sede de internet diocesana el 19 de julio decía que el obispo Bransfield sería obligado a “compensar personalmente por algunos de los daños que causó; con la naturaleza y la extensión de las compensaciones a ser decididas en consulta con el futuro obispo de Wheeling-Charleston.”
“Los escándalos de los cuales nos hemos enterado han causado dolorosa decepción, confusión, rabia y desconfianza hacia los líderes eclesiásticos. Tenemos que enfrentar esa situación con ojos abiertos y espíritus determinados para producir cambios verdaderos y duraderos”, dijo el obispo Brennan.
Pero el mensaje de Isaías a un pueblo oprimido no termina en oscuridad. “Escúchenlo otra vez: ‘El pueblo que caminaba en las tinieblas ha visto una gran luz’”, dijo el obispo. “Amigos, no requiere humildad de mi parte admitir que no soy la luz”, él dijo causando risa en la congregación.
“La luz es el niño nacido entre nosotros. La luz es el hijo de María, Jesús, quien se llama a sí mismo la Luz del Mundo”.
Él dijo que tiene la esperanza de que confiando en el Señor y en las oraciones de la gente por él pueda traer algo de esa luz a la gente “como la Luna refleja el Sol”.
Él dijo que atender las consecuencias del mal comportamiento pasado es una de sus responsabilidades como nuevo obispo y prometió atenderlas. Pero la iglesia tiene que mirar hacia adelante con la fortaleza de hacerlo mejor y de vivir la fe con integridad de manera que refleje la luz duradera del Señor.
Él señaló que algunas personas han dejado asistir a Misa debido a los escándalos en la iglesia y que otros podrían haber estado tentados a hacerlo. “La unidad de los unos con los otros y con Dios es lo que el Señor quiere de nosotros”, dijo el obispo Brennan.
En contó la historia de un hombre que le dijo que había dejado ir a Misa debido a los escándalos. Pero que entonces se preguntó a sí mismo “¿a quién estoy ayudando al mantenerme alejado?” y se contestó “a nadie”. ¿Y a quién estaba perjudicando manteniéndose alejado? Sólo a sí mismo.
Él ha regresado a la Misa, aunque se mantiene ansioso de ver que la iglesia atienda sus propias fallas y trabaje hacia la reforma.
“Apartarse no ayuda”, dijo el obispo.
Sus muchos años como sacerdote parroquial y dos años y medio como obispo le han enseñado que “la obra de sanación y renovación es la obra de todos nosotros. Cada uno de nosotros tiene que encontrar maneras de revelar esa la luz que vence la oscuridad”.
Las preocupaciones diócesis no implican solamente las fechorías del obispo anterior, las revelaciones de abuso sexual por clérigos o la irresponsabilidad de algunos obispos.
Hay también grandes obstáculos en el camino del desarrollo humano, dijo el obispo Brennan, incluyendo la epidemia de opioides en el estado “que nos está robando nuestros parientes y amigos”; la pobreza que cubre pueblos donde las fábricas han cerrado y las zonas que nunca han conocido la prosperidad; la necesidad de oportunidades educativas que las escuelas católicas de la diócesis pueden ayudar a atender; y la desesperanza de muchas personas que las lleva a la depresión y a considerar el suicidio.
“Ante todos estos males sociales y muchos otros, en esta iglesia nos atrevemos a ofrecer algo mejor: una buena noticia. Una buena noticia en medio de tiempos muy malos – una noticia demasiado buena para reservárnosla”, dijo el obispo.
“Esa experiencia de Cristo como salvador y señor, en su iglesia, es algo que tenemos que compartir con los demás”.
Con su voz aumentando en crescendo según concluía su homilía, él instó a la atestada catedral y a la excesiva multitud que observaba desde el cercano WesBanco Arena a “dejar que Dios cumpla su propósito en nosotros y no dejar que la oscuridad cubra la tierra”.
“Podemos corregir las malas acciones del pasado y pasar a hacer que Cristo sea conocido”, él dijo. “Podemos ayudar a nuestro prójimo que esté en necesidad y mantenernos unidos en la fe y el amor”.
“Católicos de West Virginia, valoren su fe y la santa iglesia”, dijo el obispo Brennan. “Hagan suyo el ‘sí’ de María y trabajen conmigo y sus hermanos y hermanas para dejar que la luz de Cristo sea una luz visible brillantemente en las montañas y los valles, las ciudades, las calles y las carreteras del campo de esta bella parte de la creación de Dios, West Virginia”.
La congregación estalló en aplauso.
Al final de la Misa el obispo Brennan le agradeció al arzobispo Lori por 40 años de amistad, por ser su mentor cuando era obispo y por servir durante casi un año como administrador apostólico de la diócesis.
Él agradeció a sus compañeros obispos, al clero, a los religiosos y a los laicos presentes incluyendo a los representantes ecuménicos de la comunidad y al personal diocesano que trabajó bajo circunstancias difíciles desde el otoño pasado.
“Más que todo agradezco a Dios por toda sus incesante bondad durante los años. Lo he defraudado, pero él nunca me ha defraudado”, dijo el obispo.
Después de la Misa el obispo Brennan salió a un balcón pequeño en la esquina de la catedral, a unos 20 pies sobre el suelo, para bendecir a la gente reunida y a todo Wheeling.
Más tarde, todavía en su vestimenta litúrgica, él cruzó la calle para saludar a algunos de los residentes de Formosa Apartments directamente frente a la catedral. Yvette Smith y Zyanne Hamlin, quienes viven en el edificio, dijeron que percibieron “buenas vibraciones” del obispo y Smith dijo que podría considerar asistir a la iglesia cuando él esté allí.
“Que él viniera personalmente al otro lado de la calle y me diera la mano me asombró”, dijo Hamlin.
(Gunty es publicador-editor asociado de Catholic Review Media, la rama de los medios de comunicación de la Arquidiócesis of Baltimore.)

Facebooktwittergoogle_plusmail