Fiel Marcha por la Vida de Virginia Occidental

Por Colleen Rowan
El obispo Mark E. Brennan se unió a los fieles católicos de la Diócesis de Wheeling-Charleston en la Marcha por la Vida en Washington el 24 de enero viajando el autobús con un grupo grande de Weirton.
“Fue un momento maravilloso estar con nuestro pueblo. Fui con un grupo de Weirton – estudiantes de escuela secundaria y unos cuantos estudiantes de escuelas primarias e intermedias, varios adultos – y llenamos un autobús”, dijo el obispo Brennan . “Yo estaba muy contento de ir”.
Cientos de miles de personas de todo el país participaron en la marcha de este año, lo cual fue ver algo inolvidable, especialmente los que caminaban. “Hacia el final uno está caminando por la Avenida Constitution, en Capitol Hill, y uno mira hacia atrás y ve toda esa gente”, dijo el obispo Brennan. “Esto es un verdadero ejercicio de nuestro derecho a reunirnos para pedir rectificación de agravio y nuestro agravio es la matanza de niños no nacidos. Hay muchas cosas que deberíamos estar promoviendo, la atención para aquellos que ya nacieron, absolutamente. Sí creo que hay tal cosa como la “Túnica Inconsútil” de la cual habló el cardenal Joseph Bernadine. La ‘Túnica Inconsútil’ tenía un borde alrededor que no permitía que la tela se deshilara en los extremos. El borde es realmente el respeto por el derecho más fundamental – el derecho a verdaderamente vivir – y eso es lo que se estaba defendiendo en la marcha”. El obispo ha ido a la Marcha por la Vida desde 1975 y ha observado algo bastante evidente respecto a los marchantes.
“A través de los años he notado que la edad se hace más joven”, él dijo. “ Son contingentes de escuelas secundarias, de universidades, tanto seculares como religiosas”. Él está orgulloso, dijo, de ver tantas parroquias y grupos católicos participando cada año.
Durante el viaje en autobús con el obispo Brennan había 21 estudiantes de la escuela secundaria Madonna y ocho estudiantes de la escuela primaria St. Joseph the Worker en Weirton. Tres maestros y ocho padres se les unieron, así como el muy reverendo Dennis R. Schuelkens, Jr., V.E., pastor de la parroquia St. Joseph the Worker en Weirton. “¡Estábamos tan alentados por la presencia de nuestro obispo que nos lidera en este esfuerzo muy importante!”, dijo padre Schuelkens.
La Diócesis de Wheeling-Charleston estuvo bien representada en la marcha. Un grupo de 100 vino de la parroquia St. James the Greater en Charles Town y un grupo de 75 vino de la parroquia St. Joseph en Martinsburg. La parroquia St. Vincent en Wheeling, con un grupo de 10, estuvo entre otras muchas parroquias y grupos católicos de la diócesis marchando ese día.
La escuela secundaria Central Catholic (CCHS) en Wheeling siempre tiene un grupo grande de estudiantes en la marcha y este año no fue distinto. La escuela tuvo 23 estudiantes y siete chaperones caminando.
“Participar en la marcha de los derechos civiles más grande en la historia americana hasta la fecha, sólo puedo decir que hubiese sido moralmente impermisible para mí no ir como católico”, dijo el graduando de la CCHS Austin Smay. “La asistencia no era solamente mi deber religioso, sino también patriótico en defensa del derecho inalienable a la vida”.
El graduando de la CCHS Brendan Smith hizo eco de este sentir diciendo: “El mayor bien de la Marcha por la Vida es caminar y representar a aquellos que no pueden defenderse a sí mismos contra el genocidio que se está permitiendo en una nación que dice ofrecerle libertad a todos. El bien secundario de la marcha es ver miles de otras personas caminando con uno en solidaridad. Para mí eso comprueba que todavía queda bien y esperanza en el mundo”.
Padre Schuelkens, quien ha asistido a la Marcha por la Vida desde el 2002, señaló que siempre hay una multitud sorprendente en el Capital One Center para la Misa y durante toda la marcha. Él dijo que este año el centro estaba completamente lleno y que en la marcha había más personas que él jamás había visto.
“Es una gran experiencia que los jóvenes vean cientos de miles de personas reunidas pacíficamente para apoyar la dignidad de la persona humana desde el momento de concepción hasta la muerte natural”, dijo padre Schuelkens. “Lo sagrado de la vida humana es la piedra angular de la enseñanza social católica. Uno no puede tener un sentido integrado de la enseñanza de Cristo sin la primacía de luchar por los más vulnerables de nuestra sociedad, los que no han nacido. La peregrinación está llena de sacrificios – pérdida de sueño, espacios atestados y mucho esperar – pero todo vale la pena. Los niños que no han nacido, sus vidas valen los sacrificios. Estoy verdaderamente orgulloso de nuestros maestros, padres y estudiantes que no pensaron dos veces hacer los sacrificios y apoyar el derecho a la vida”.
Este año fue la tercera vez de Ava Loch, graduanda de la escuela secundaria Madonna, en la Marcha por la Vida.
“Estoy tan entusiasmada de apoyar la vida en mi escuela”, ella dijo. “Ver el puro tamaño de la multitud me da gran esperanza de que el derecho a la vida pueda ser restaurado en mi generación”.
“Fui a la Marcha por la Vida este año porque quería apoyar a todos los que no han nacido, de modo que con suerte sus padres escojan lo mismo que hicieron los nuestros: la vida”, dijo Julianna Velegol, estudiante del primer año en Madonna.
Su compañera del primer año en Madonna, Elizabeth Elías, dijo: “Yo quería asistir a la Marcha por la Vida este año principalmente porque quería ser la voz para los pequeños bebés que tanto quieren ver a su madre y vivir la vida que todos nosotros disfrutamos”.
Lexus Melnyk, graduando de Madonna compartió: “La Marcha por la Vida fue una de las experiencias más impactantes de mi vida. Tuve el honor de ser testigo y parte de los que apoyan las vidas de los bebés que no han nacido, una creencia que nosotros los católicos mantenemos fuertemente. Ser pro vida siempre ha sido algo muy especial para mí y esta experiencia ha ampliado mis pensamientos y fortalecido mi fe en las enseñanzas de la Iglesia”.

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